¿Cómo empezar un divorcio?

Inicio, dinámica y consecuencias de un proceso de divorcio.

En muchas ocasiones tomar la decisión de divorciarse forma parte de un proceso complejo y difícil de gestionar por el cúmulo de dudas e incertidumbres que genera el haber de diseñar una nueva forma de vida tras la ruptura.

Por ello es necesario tomar decisiones con el máximo de información posible intentado recabar la necesaria para saber cómo será el nuevo escenario después del divorcio.

Así, lo esencial, será intentar evaluar las consecuencias o efectos del divorcio.

Ahora bien, si se está en el otro lado, es decir, en el lado de quien recibe de la otra parte la noticia del divorcio, se ha de saber que aunque, en su caso, no se tenga la más mínima intención de divorciarse, no se va a tener más remedio que asumir la ruptura pues no existe ningún derecho especial a permanecer casado con nadie, por tanto, lo mejor que se podrá hacer en ese caso será, también, intentar recabar el máximo de información posible.

La información que uno tiene que plantearse recabar es principalmente qué determina la ley respecto al destino de los bienes adquiridos durante el matrimonio, como por ejemplo, la vivienda conyugal, o qué se determina, en caso de existir hijos comunes, respecto a la pensión de alimentos, la custodia, o qué se estipula en torno a pensiones compensatorias y/o indemnizaciones posibles, entre otras cuestiones. En definitiva, se trata de intentar manejar la máxima información posible respecto al escenario que se creará a nivel económico e interpersonal, para lo cual habrá que plantearse muchas cuestiones, entre ellas cómo afectará el divorcio a su futura declaración de la renta y qué otras repercusiones fiscales habrá que calibrar si se reparten bienes comunes. Saber cómo se repartirá el pago de impuestos, tasas u obligaciones derivadas de bienes comunes hasta ahora soportados por mitad, como el ibi, la hipoteca, el seguro de la vivienda o la comunidad de propietarios.

Hechas estas primeras aproximaciones, habrá que valorar si es posible o no llegar a un acuerdo con la otra parte, y, de serlo, en qué términos podrá plantearse. Es muy importante hacer bien esa primera aproximación pues en torno a la misma empezará a diseñarse el verdadero futuro de la persona que decide divorciarse.

Para llegar a ese acuerdo, se deberá contactar con la otra parte, bien directamente o bien a través del abogado que le represente a uno. También podrá derivarse a un mediador de familia.

El mediador actuará como facilitador del acuerdo generando alternativas, conduciendo el proceso de negociación y auxiliando a las partes en su proceso de mediación. Actuará con máxima neutralidad, inmunizado de cualquier tipo de presión tanto exterior como interior. Las partes podrán acudir a las sesiones determinadas por el mediador bien de forma separada o bien conjuntamente. Si se logra el acuerdo dentro del proceso de mediación, el mediador lo documentará en un acta. Dicha acta deberá entregarse al abogado que eligió la parte y derivó a mediación el asunto, a fin de que éste confeccione a partir de dicha acta, el convenio regulador de divorcio.

En el caso que en la negociación no intervenga un mediador, será el abogado quien dirigirá la misma. En tal supuesto, en la negociación puede intervenir un solo abogado que actúe como interlocutor entre las dos partes, o bien, dos abogados, de modo que cada uno represente los intereses de su respectiva parte.

Logrado el acuerdo, éste deberá documentarse en un convenio regulador que habrá de ser incorporado a una sentencia de divorcio para lo cual será imprescindible presentar la oportuna demanda de divorcio de mutuo acuerdo acompañando el mencionado convenio regulador.

Si no es posible llegar a ningún acuerdo, se deberá interponer la demanda de divorcio contenciosa, en cuyo caso, será el Juez quien decidirá los efectos del divorcio, teniendo en cuenta los criterios legales y jurisprudenciales de aplicación.

La duración de todo el proceso variará según el divorcio sea de mutuo acuerdo o contencioso e incluso variará según el Juzgado en el que se lleve el procedimiento.

En Juzgados especializados en Derecho de Familia, como ocurre en la demarcación de Barcelona capital, los procedimientos son ágiles, de modo que un proceso de mutuo acuerdo no se alarga más de cuatro a seis meses, mientras que un proceso contencioso puede durar en torno a los ocho – doce meses.

En definitiva, tomar buenas decisiones en torno al divorcio aseguran un futuro esperanzador tras un proceso de ruptura, de ahí la importancia de tener toda la información necesaria y estar bien conducido – es decir, bien asesorado- durante todo el proceso de familia.

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